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Abril 25, 2005

La boca caliente

Soy una profesional de 31 años. He tenido muchas parejas sexuales con las que creí haber experimentado lo máximo del placer compartido. Me considero una mujer bastante abierta en la cama, con algunas preferencias si de elegir se trata. Digamos que: lo normal.

Hace casi dos años, una noche de otoño, luego de hacer un largo trayecto en colectivo, llegué al barrio de La Boca buscando la casa de un compañero de trabajo que estaba enfermo. Yo me había ofrecido gentilmente a llevarle unos papeles que dejó olvidados en su escritorio, a pesar de que esa zona de Buenos Aires no me parecía nada segura para transitarla de noche. El colectivo me dejó en una calle muy oscura y comencé a caminar un poco asustada, intentando encontrar la dirección hacia la que me dirigía. Esa noche hacía frío y la zona me resultaba un tanto sórdida, por eso estaba nerviosa y con la necesidad de encontrar pronto la casa de mi compañero. Les cuento que no hay nada de mi figura que llame la atención, salvo mi larga y negra cabellera llena de rulos, en contraste con una piel muy blanca. Tengo pechos pequeños, soy de mediana estatura y de contextura normal. Llevaba puesto un jean clásico, una polera negra ajustada, botas de taco ancho y alto, una campera corta de gamuza y una mochila de color rojo. Con un papel en la mano, donde estaba escrita la dirección y mirando con dificultad la numeración de las calles por la escasa luz, me detuve unos metros antes de llegar al lugar indicado. Veo que en la puerta del mismo se encuentran conversando animadamente dos hombres muy guapos, de unos 35 años aproximadamente. Tenían puesta ropa de trabajo y compartían una botella de Coca-Cola. Al acercarme a ellos e intentar pedirles permiso para tocar el portero eléctrico del edificio, me miran fijamente y no me permiten el paso. Automáticamente temblé y pensé que querían robarme, así que intenté instintiva e imprudentemente dar media vuelta y salir corriendo. Pero uno de ellos me toma de la cintura, me acerca hacia él y me dice al oído que no tenga miedo, que simplemente desean estar conmigo un rato, que me habían visto caminando por el barrio y les había parecido muy atractiva. Me transmiten sus ganas de disfrutarme de una forma íntima, secreta y para eso necesitaban que yo estuviese de acuerdo, sino se iban a encargar forzosamente de convencerme.

Yo estaba confundida: no entendía si lo que estaba a punto de ocurrir era una violación o estaban pidiendo permiso para cogerme. Eran dos hombres muy hermosos y rústicos para mis esquemas mentales. Jamás en mi vida había compartido sexo con más de una persona. La idea comenzaba a excitarme un poco. Ambos tenían la piel oscura, el pelo muy corto y negro, eran altos y corpulentos, con manos curtidas por el trabajo. No se mostraban agresivos, ni aparentaban estar armados, sólo me transmitían con sus ojos, sus palabras y todo su cuerpo que me deseaban y que los calentaba demasiado estar en una calle prácticamente a oscuras, sin personas a nuestro alrededor, en la entrada de un edificio con las puertas abiertas y con una mujer a la que presionaban para hacer con ella lo que les viniera en gana y que ella dejara traslucir que más que miedo sentía curiosidad y excitación. Les pregunto en voz baja qué es lo que quieren hacer conmigo y me dicen que prefieren mostrármelo antes que contarlo, que no me van a hacer ningún daño, todo lo contrario, que voy a gozar muchísimo de lo que experimente con ellos, pero sólo si me relajo y me entrego. Les digo en un tono firme que no estoy de acuerdo, que prefiero regresar a mi casa o entrar al edificio. Los dos hombres se acercan y me susurran que no me lo van a permitir sin antes regalarles unas horas a sus deseos. No sé por qué no intenté gritar, ni huir, ni siquiera agredirlos. Sólo me dejé abrazar por los dos y ser llevada a un rincón oscuro debajo de la escalera del edificio, donde nadie podía vernos, ni se escuchaba absolutamente ningún ruido. Los hombres se presentaron mientras se quitaban sus camisas: uno era Lucas y el otro Pedro. Pedro se acomodó parado contra la pared, mientras me tomaba de la cintura y acercaba su boca a la mía. Lucas me abrazó por detrás, apoyando todo su cuerpo en el mío, quedando yo en el medio de estos dos apetecibles especimenes masculinos. Lucas me quitó la mochila y la campera, tirándolas al piso, mientras Pedro pasaba lenta y dulcemente su lengua por mis labios, el interior de mi boca, mi cuello, mis orejas y toda mi cara. Yo sentía la pija grande y erecta de Lucas apoyada en mis nalgas y la pija erecta y aún más grande de Pedro en mi pubis.

Mi cabeza se nubló de todo pensamiento, sólo me solté a disfrutar de lo que me estaba ocurriendo e intuía que estaba por suceder. Mis pechos estaban duros y mis pezones muy erectos, sentía mi bombacha empapada y que no podía moverme por encontrarme en el medio de dos cuerpos calientes que se aferraban al mío. Lucas desde atrás comenzó a acariciar mis pezones y a moverse con cierto ritmo golpeando mis piernas y mis nalgas. Pedro me desprendió el cinturón y el botón de mi pantalón. Bajó despacio el cierre y luego dejó el pantalón a la altura de mis tobillos. Metió suavemente su mano dentro de mi bombacha, hasta llegar a mi vulva húmeda, que latía ya casi de dolor, buscando mi primer orgasmo. Apenas rozara mi clítoris con sus dedos, yo iba a gritar y a retorcerme de placer, y lo hizo... Sentí una oleada de energía que recorría mi espalda, que no me permitía abrir los ojos. Lucas mientras tanto desabrochó mi corpiño y agarró mis tetas con sus manos y las masajeaba como un experto, sus dedos índice y pulgar erectaban mis pezones rítmicamente, su mano derecha bajó hasta mi vulva y se humedeció en ella para volver a acariciarlos. Yo sentía que de tanta excitación mis tetas iban a estallar, saliendo también de mis pezones algún jugo que aún mi cuerpo desconocía. Mientras tanto yo sentía como las pijas que me tenían aprisionada latían y estaban tan duras que iban a reventar los pantalones de sus dueños. Cuando Pedro introdujo dos de sus dedos en mi vagina a la vez que succionaba con hambre una de mis tetas, tuve mi primer orgasmo en el que creí desmayar y no paraba de temblar. Luego me dieron vuelta y ahora tenía a Lucas frente a mí, que me dio un beso apasionado en la boca y mordía muy despacito los labios y enroscaba su lengua larga y movediza con la mía. Se agachó y me ayudó a quitarme las botas, las medias y el pantalón, eso hizo que quedara aún más pequeña al lado de esos monumentos humanos. También me quitó la bombacha y comenzó a acariciarme los pies, a besármelos, a lamerlos, mientras Pedro me quitaba la polera y el corpiño. Lucas recorría con su hermosa lengua mis muslos y mi entrepierna, mientras yo lo esperaba ansiosa.

Bajé el cierre del pantalón de ambos hombres a la vez y metí mis manos para agarrar esas bellezas tiesas y mojadas de lubricación. No llevaban puesto más que sus pantalones, así que se los bajo y ellos se los sacan. Me arrodillo, lleno de saliva mi mano y mientras masturbo a Lucas lentamente, abro la boca bien grande para introducirme despacito el falo enorme que tiene Pedro. Lo chupo, lo recorro con mi lengua, lo succiono y lo meto hasta mi garganta escuchando como Pedro gime y empuja suavemente mi cabeza con sus manos siguiendo un ritmo que hace que mi boca se llene de saliva y lo empape y se mezcle con su lubricación. Giro mi cabeza y beso, lamo, succiono los testículos de Lucas, mientras mojo mi dedo índice y juego con su ano y me pide más de eso, que tanto le gusta. Subo hasta su pija, él la sostiene y se la chupo frenéticamente, parando de a ratos y lamiéndosela por entero, quedándome en su cabeza que está a punto de estallar. Nunca dejo de masturbar lentamente a Pedro, que tiene sus piernas separadas y está recostado contra la pared con los ojos abiertos mirando la chupada que le hago a su amigo. Los dos me levantan, porque no quieren que sus vergas exploten ahora. Pedro me toma de la mano y me lleva a un lugar en el descanso de la escalera que da al primer piso, mientras Lucas nos sigue con mi ropa en sus manos. Allí Pedro se acomoda y se sienta con la espalda en la pared. Me pide que abra mis piernas y las coloque a ambos lados de su cuerpo y que acerque mi vulva a su boca. Comienza a mojar con mucha saliva la entrada de mi vagina y luego me pide que la abra con mis manos, que me siente arriba de su verga, y me la vaya introduciendo muy de a poquito: primero la cabeza, jugando con ella en la entrada y luego toda entera adentro. Mientras lo voy haciendo él me toma del cabello, ya estoy sentada completamente en el pubis de Pedro y me muevo con fuerza y grito de placer, siento que su verga hace doler mis ovarios y me gusta y un orgasmo aparece, no puedo controlarlo y tapa mi boca con su mano.

Escrito por: José María | 11:51 AM | Comments (0)

Abril 06, 2005

Mi hermosa cuñada

Todo sucedió, hace como un año, me junte con una mujer: ella tiene dos hermanas Blanca y Alejandra, mi vida sexual con Nena es muy agradable, cogemos por todos lados de frente, de perrito, de lado, parada, acostada, en el baño, empinada, de lado, en la casa de mi suegra, en la casa de mi madre...

En cualquier lado, dedo decir que mama muy sabroso la verga, y me gusta encularla seguido, en todas las poses posible, además de verla con medias, liguero y pantaletas pequeñas y de encaje, esto me pone la verga al millón. Una vez que fuimos a su casa de visita, me toco ver a mi cuñada Blanca con un short que la hacía verse muy buena y hermosa, con decirles que se me paro la verga nomás de verla, más cuando ella empezó a barrer delante de mí y me acercaba sus nalgas a la cara. Con decirles que de regreso a casa lo primero que pensé fue encularme a mi mujer, dicho y hecho llegamos, puse una película porno, nos calentamos, luego me dio una sabrosa mamada, me vine en su boca y luego me la cogí de frente como a ella le gusta hasta que terminó, luego me puse crema en la verga y se le metí con ganas por el culo, con tal fuerza que hasta ella me dijo que la lastimaba, simplemente respondí aguanta muñeca, es que estoy muy caliente y no era para menos, de sólo pensar en estarme cogiendo a mi cuñada me vine por tercera vez. Recuerdo que luego me interesaron más las pláticas sobre mi cuñada, por medio de mi otra cuñada me enteré que Blanca era una mujer ardiente, me comentó que la vecina les aviso que por favor cerrarán la ventana de la sala, pues se veía cuando a Blanca se la estaba cogiendo su novio Hamlet, imagínense, hasta los vecinos veían como se cogían ese cabrón a mi hermosa cuñada. Luego platicando con Hamlet, su novio me dijo que no la quería en serio, sino simplemente pasar el tiempo con ella porque se la cogía como el quería, es más me contó que se la enculaba muy rico en el baño y que le gustaba mamar verga y tragarse todo el semen. A lo que le contesta, que se portaba mal con ella, si yo tuviera una mujer así sería para adorarla y me respondió que guay eres. Luego por medio de Franklin me enteré que su jefe en Protección Civil se la cogió varias veces y que mamaba la verga muy rico, que el ya había disfrutado de ella, hasta me encabrone con él, le dije que respetara a mi cuñada, una cosa es que le gustará pero no creo que Franklin fuera de su agrado.

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Poco a poco fue naciendo el amor y el deseo en mi por mi cuñada Blanca, pero también empezaron a crecer mis problemas con mi mujer, recuerdo que en una ocasión que me estaba chupando la verga, yo estaba ¡así mamacita, sigue mamándomela, la cabecita metetela más, te cabe más en la boca, se me salió decirle así Blanca mi amor, que rico mamas verga y que se encabrona y me dejó con la verga al aire, tuve que terminar en mi mano, pero con el pensamiento en mi cuñada. Le pedí disculpas a mi mujer y le dije que se me había salido. Cierto día volvimos a ir de visita con mi suegra. Blanca lucia divina tenia una blusa blanca escotada que dejaba ver sus pechos, como nos íbamos a quedar a dormir, se me hizo fácil subir a ver la tele a su recamara, cuando y vi una pantaleta pequeña en su cama y le dije a mi mujer de quien son, son de Blanca me dijo, métesela en el cajón de su ropa, así lo hice y al abrir el cajón que belleza, varias pantaletas pequeñas y tangas era la ropa interior de mi cuñada. Como mi esposa bajo por refresco agarre las más sexys y me las lleve al baño y me empecé a sobar la verga con ellas, lamí la tela y estuve a punto de venirme, pero no los desperdicie, quise aventárselos a mi cuñada. Por la noche, mi cuñada fue a una fiesta, espere que llagara a casa, llegó como a las dos de la mañana todos estaban dormidos, menos yo, así que cuando entró y subió a su recamara, la seguí y me vine en mi mano, no soporte ver como se quitaba su blusa, el brasier y el pantalón para poner una especie de pijama me dejó seco, era divino poder ver esas nalgas divinas que tiene solo cubiertas por una tanga, estaban para lamérselas y que decir de sus chiches esperando ser chupadas, manoseados, fue divino, luego salió al baño y como su recamara estaba ocupado por los niños. Tuvo que bajarse al sofá, espere que se durmiera profundamente y me acerque estaba desnudo y con la verga tiesa y a mil por hora, así que me acerque a ella, primero agarre su mano y me envolví la verga, luego lea frote contra su mano hasta que me empezó a salir el liquido viscoso, luego la frote en sus mejillas, la puse en sus labios y ella hizo muecas por mi líquido, movió los labios y me vine y se los avente al cabello, temiendo que fuera a despertarse si se loe aventaba en la boca, pero no sucedió así.

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Así que me acerque a ella y la empecé a acariciar por encima de su pijama, las nalgas y las chiches, mientras con la otra mano me hacia una colosal chaqueta, pero yo quería más, así que me acerque y como ya se había volteado hacia la pared, le baje un poco el pantalón y pudo ver un poco mas de la cuarta parte de sus nalgas, me acerque y se las bese, luego se las lamí era divino sentir su piel, luego le coloque la verga en medio de sus suculentas nalgas o mejor dicho lo poco que podía ver y la empecé a frotar suavemente, era divino sentir la suavidad de sus nalgas y no me pude aguantar más y solté el lechazo, vi como escurría mi semen por sus nalgas, fue divino, luego le subí el pantalón y me fui al cuarto con el temor de que despertara y al sentirse húmeda en las nalgas, se pasara la mano y como ya es una mujer vivida, estoy seguro que hubiera reconocido el aroma ye la sustancia que deje entre sus nalgas: mi semen. Como mi esposa bajo por refresco agarre las más sexys y me las lleve al baño y me empecé a sobar la verga con ellas, lamí la tela y estuve a punto de venirme, pero no los desperdicie, quise aventárselos a mi cuñada. Fue una de las mejores noches de mi vida en que disfrute y me vine varias veces no más de tocar y disfrutar a mi hermosa cuñada. En otra próxima entrega les contaré más de mi cuñada, las hermosas chaquetas que me hice en su honor y como disfrute a su hermana, pensando que era ella. Adoro a mi cuñada, estoy enamorado de ella, es más me casaría con ella, es un deseo que se ha convertido en obsesión.

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La curiosidad, ya estábamos los tres desnudos, y entonces Eva, con sus tetazas embadurnadas en mi flujo, puso mi polla entre ellas y empezó a moverlas de arriba a abajo, chupándola o lamiéndole la punta de vez en cuando. A Eva se le empezaron a escapar lo gemidos y pronto los tres estábamos gimiendo como animales. Eva también puso sus manos en mi polla para impregnarlas de mi flujo y ponerlo en sus tetas. Estaba claro que eso le excitaba, y mientras Ana no paraba de besarla apasionadamente, metiendo su lengua profundamente en su boca. Cuando ya habían limpiado casi totalmente mi polla erecta de tanto flujo, Eva se acercó y se metió mi polla en la boca, poco a poco, pero entera, hasta que resbaló por su garganta. Sentí un placer enorme con aquella mamada tan profunda, notaba mi polla entrar y salir de su garganta y en ningún momento la dejó salir de su boca, que estaba ardiendo. Yo notaba como de mi polla no paraba de salir más y más flujo, tanto que hasta yo me quedé sorprendido, y sentía como a ella le encantaba, lo relamía con su lengua directamente de la cabeza de mi polla y luego se lo bebía. Mientras Eva se estremecía con mi polla en su boca, Ana me desnudaba lentamente, luego se desnudó ella y finalmente desnudó a Eva. Ana se colocó sobre mí, de pie sobre el sofá, y se agachó ligeramente hasta dejar su almeja abierta y chorreando su líquido frente a mi boca. Yo no dudé y comencé a comerle el coño suavemente, introduciendo mi lengua en él todo lo que podía. Ella gritaba de placer, y a veces se inclinaba para besar a Eva, chupar mi polla o lamerle sus tetas. Luego Eva se separó un poco, me volvió a hacer esa mamada profunda que por poco me hace perder el control y correrme sin remedio. Pero pude controlarme y al sacar mi polla de su boca, Ana que estaba inclinada sobre mí, se agachó un poco más y mientras sujetaba mi polla con una mano, la introdujo poco a poco hasta el fondo de su vagina. Eva se levantó y se puso frente a nosotros, y mientras miraba cómo Ana me follaba ella le ponía sus pezones a ella en la boca, y Ana los chupaba con placer, mientras Eva seguía gimiendo. Luego de un momento Ana se corrió por primera vez, mientras me follaba y chupaba los pezones y metía sus dedos en el coñito de Eva, de pié frente a nosotros.

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Escrito por: José María | 11:46 AM | Comments (0)